martes, 12 de julio de 2011

Historias interminadas

Se acercó hasta donde él estaba. No sabía como reaccionaría. Estaba un poco asustada. Pero se armó de valor. Adiós miedos. Seguro que la recordaba.
-Hola-saludó con una sonrisa.
-Hola-contestó él-. Em, ¿te conozco?
-Soy Laia. Jugábamos juntos de pequeños.
-¡Laia!-se levantó y la abrazó mientras una sonrisa y los recuerdos iluminaron su cara-. ¡Vaya, cuanto tiempo!
-Sí, mucho-le devolvió el abrazo.
-Estás ¡guau! Así como...¡guau!-dijo mientras la separaba un poco de él para verla mejor pero sin soltarla. Le hizo dar una vuelta sobre sí misma. Él estaba prácticamente alucinado.
-Espero que eso sea un piropo. Si no lo es, es que sabes idiomas de animales.
Su risa fue como un regalo. Era única, una risa sincera, sin complejos. La atrajo otra vez hacia sí.

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