miércoles, 22 de junio de 2011

Empaquetar tres años de tu vida y sentir que tienes el Síndrome de Diógenes

Ya estoy terminando. Sólo tengo que esperar al miércoles que viene y todo habrá acabado. Han sido tres años llenos de cosas muy buenas y también malas. Pero me quedo con las buenas. De las malas sólo quiero aprender, para no repetir errores. He conocido a personas con las que he conectado mucho. Otras con las que no tanto, pero que las quiero como si fuesen parte de mi familia. 
 Mientras recogía la habitación e iba empaquetando algunas cosas me daba cuenta de la de objetos en los que anclé recuerdos. Es lo peor de acabar la carrera. Todo lo que dejas atrás. Esas horas interminables haciendo trabajos y estudiando, esos momentos en los que te bajabas a por la merienda al Árbol (las berlinas), esas conversaciones, esas fiestas, esos momentos de risas, las imitaciones, los bailes, los cumpleaños,...Tantos y tantos recuerdos imborrables. 
 Cuando acabé y vi todas mis cosas en bolsas y las paredes de la habitación vacías, me sentí fatal. No quiero que esto acabe. Pero empieza el verano. Y aunque el futuro es incierto para mí, de momento no quiero pensar en él. Voy a disfrutar de mis últimos días en Salamanca. Y lo demás ya vendrá. Porque como dice mi madre: "Lo bueno está por venir". Y yo llevo mucho tiempo esperándolo.

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